A mi ese mundo no me gusta, me pone de un humor difícil de tramitar. Igual tengo mi ropaje de colores, algunos arboles que se asoman que me dice lo hermoso de estar vivo, y esa música pos recital serranero que me gusta.
Cuando de repente, de atrás de un árbol, se aparece este señor. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus, con su casita con ruedas en su espalda, mirando de otro lado a esa especie diferente que se asoma de ese gran edificio.
Se acerca, mira al piso, se quedo mirando. De golpe comienza a juntar las colillas de cigarrillos que para otro es basura. Las levanta, las limpias y las guarda en esa cajita que tiene intacta entre tantas cosas que fue juntando por ahí.
Mientras tantos esos fieles no lo ven, buen, hacen que no le ven. Porque les pasa por enfrente, los mira intentando una movida de cabeza como para saludar, pero nada solo un fantasma de esta ciudad . Ellos siguen ahí con su cigarro nuevo en la mano.
Pienso adentro mío en ese instante porque deje de fumar. Era más fuerte que yo. Necesitaba ayudarlo.
Pero nada. Intento pensar que ofrecerle, alguna moneda, algún paquete de galletitas que podría llegar a comprar en ese kiosco que se asoma de la esquina. El tiempo pasaba. Se me acerca lo miro, le sonrío, le digo buen día frustrada porque los minutos de mi pensamiento me jugo una mala pasada. Me mira, me sonríe, me responde el saludo y se va.
¿Tan difícil es devolver la mirada a un otro?
Y yo que pienso en la igualdad, en la felicidad de todos por igual...
De a golpes la sociedad me muestra su visión de la realidad...
quizás eso que querés, ya es...
ResponderEliminarUna triste realidad que estamos por transformar.
Beso!
Ari
Don Eduardo escribe cuando explica para que sirve la utopía… para caminar. Siempre creí de chico que la cosa era un poco mas fácil, que uno elegía un estilo de vida, que uno solito se paraba en la ciudad con su cajita de cosas sucias o su corbata haciendo juego.
ResponderEliminarLa vida a veces no es lo que queremos, lo que esperamos, pero creo que dejar de caminar es una manera de morir, y esto es peor que cualquier tipo de vida
Me encanta este blog!! por sus colores, imagenes y palabras...
ResponderEliminarbesos
Me gusto mucho tu blog..
ResponderEliminarEs que acaso, estudias arte?
Un beso
ahhhhhh! ke lindo y se puede saber donde estudias psicologia..!
ResponderEliminarvos debés conocer a Valerie, porque ella también es de rosario y estudia psicología y también tiene un blog!
ResponderEliminarElegimos lo que nos toca? No creo a veces el mundo golpea fuerte, muy fuerte! Y muchos se creen omnipotentes pensando que no pueden terminar así. Yo no puedo evitar pensar que triste y dura historia se esconde detrás de ellos.
Unas posibles reflexiones nos has dejado, envueltas en coloridas pinturas. Gracias
ResponderEliminarTodos miran, pero pocos ven..es que "la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos"!
ResponderEliminar"...¿Tan difícil es devolver la mirada a un otro?..." Me respondo: Tan difícil como mirarse uno mismo. Para acompañarte en esta mirada, elijo la poesía tajadora y doliente del Maestro Vallejo... Antes de ella, mis Gracias y Mi Abrazo por EstarTe y SerTe...
ResponderEliminarLOS NUEVE MONSTRUOS
I, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de sér, dolernos doblemente.
Jamás, hombres humanos,
hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la arimética!
Jamás tánto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.
Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.
El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás de perfíl,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar…
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tánto cajón,
tánto minuto, tánta
lagartija y tánta
inversión, tanto lejos y tánta sed de sed!
Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.
gracias a vos por esto!!! hermoso... con piel de gallina... en serio, gracias de nuevo!
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